Tengo toda la noche en las venas – Paul Eluard
16 Fotografía
19 Decisiones
25 Festivo y gracioso

Tú, señora mía y flaca
me unges.
Me quemaré en el fuego
Espero no acabar completamente aniquilado
Lo digo con esmero.
Insisto. No fui yo.
Para dejar las cosas claras
Fuiste tú
y tus hilachas flacas
la que al hilván de tus pucheros
qué mal me hicieron.
26 y 27 años
...
28 Bajando por calle Huérfanos
El cañonazo estalla a las doce
y a tus doce pasos los vibratos.
Tu voz toca su flauta
de pífanos y timbales que trepanan el aire.
De las cornisas
los hombres te cantan a coro
y de altos edificios braman sus tenores.
El rumor de tus pasos
suena a insectos bulliciosos y a microbios.
Al bramido inmaculado de sinfónicos motores
toda la ciudad te escucha
y en un vacío sordo a ti
está el cornudo que te ama.
30 y 31 Están hechos de noche, de mordeduras, de besos, de insomnio, de veneno, de éxtasis y odios
Oler y beberte del talón a las rodillas,
de las rodillas al pubis de los tentáculos,
del pubis al corazón maldito,
aunque el tic-tac me trague,
aunque el sol me ciegue,
me transfigure la noche en Drácula,
en pene, lobo, en momia el alma.
Tengo que amarte lleno de líquidos,
con odio, con sal. Contigo he de volar
sobre tu casa, sobre la plaza, sobre el desván,
sobre los puentes, sobre la urgencia,
sobre ti, pleno de ira.
En el muelle, en los gaviones,
en ese faro al fin de la vía,
con blasones y con viajeros,
con furor prudente y en esa esquina,
antes que nada, del plenilunio,
antes del gusto y del placer vehemente.
Entre los buses, en cada patio del vecindario,
en hospitales y en cementerios, en cada diente,
en cada torre, en la jugada,
en ajedrez, corre el anillo,
tablero chino: tengo que amarte,
bajo las nubes, bajo el sudario.
Bajo tus ancas,
junto a tu oído, he de escucharte tieso,
he de intentarlo todo;
sensato en cada prisa,
urgente en cada cosa
y sabio, casi perfecto.
Y he de olvidarte
al lado inerte de tu moral,
al lado ofidio de tu barriga,
al lado sur de tu risotada,
al lado triste de tu paloma,
al lado bajo de tus sentidos,
al lado oscuro del corazón.
He de olvidarte yo.
Primero yo.
…
En el aire de la noche, como dice la canción,
en el vaho de Dios, pero en inglés,
en la humedad de las calles a vapor del siglo pasado,
en la bruma de las tardes sin pan,
en el quiosco de la Plaza de la Independencia
de la patria total,
en el discurso de la república eufórica,
en el talón impar que olvidaste
en la alcoba del crimen,
en el cocorococó de los coitos y orgasmos,
en lo etéreo de los cielos
que están investigando los peritos,
en lo aéreo de mis huesos de ave pilucha
y mi origen volcánico,
en el ancla sacramental de alguna tesis sobre tsunamis,
en la nube de este día implacable
del Perpetuo Socorro,
en el derrotero del tótem
y su élite vegetal, la selva,
en el ebrio nocturno del vino permeable,
en el duro balazo de luna
donde pediste perdón,
en el mayúsculo absurdo de tu sexo minúsculo,
en la velocidad de la lluvia
que ha sido controlada por radar,
en el viento azul contra mi pecho,
mis tetas y mis huecos,
en el poco dinero que padeces
y la erudición que mitigas,
en el vértigo de las olas
más grandes que la cresta,
y en todo lo que hice por ti,
en el gas perfecto de estos versos malignos
que me atoran,
en lo efímero de mis suspiros felinos,
en el remolino del narcótico y su desierto,
en el humo del automóvil artero
donde mentí
por otros amores que nunca supiste,
en el aire que traficó bajo todos los barcos,
todos los pájaros,
en mis senos,
que es donde se acorta el aire común y corriente
y donde siempre babeas,
en las turbinas del primer avión
que con mis muslos cogí,
en las plumas del cóndor lila también,
en lo más alto del aire
donde navegan las hembras mejor,
en el beso del ángel
y en el beso francés,
en el blanco pañuelo del adiós, mi amor.
Vuelo entera y campante.
Vuelo sola y sin ti.
Adiós.
Aquí te dejo.
Y si quieres,
me olvidas primero.
Este es mi poema final.
33. CAMILE
es un método
que cohesiona mi lógica y mi libido.Automatizo lo que de mí tocas:
el aroma, las ondulaciones,
para en definitiva saberte.
Y en eso no transo.Para ser exacto,
no apelo a ningún sentido
excepto el tacto.
Es mi táctica,
no suponer tus funciones
y adivinar que enmudeces,
que a nada sabes
y que no hueles.Es un rito palpar los nudos,
un músculo;
saber de la tráquea,
del cráneo pulcro,
comulgar tus vértebras,
tocar entre ellas el orden
ciego y sordo,
en equilibrio: flexibles a mí
y analizar la simetría de tus huesos.
Mi sentido matemático proviene del asombro.
Está allí, en ti,
el dominio de la sustancia pura
donde lo mejor es mi tacto.
Y mi piel de tarde,
que es una cinta de extensión,
mi órgano sexual más grande,
requiere saber el concepto inequívoco
de tu existencia en tiempo y energía,
de tus órganos asociados en combinación precisa
a mi organismo.De ti
soy el erudito.





























